Fiesta en Guadalajara

Hace tres años le dije a Aitor: “Hermano, cuando Asier salga de la cárcel, podríamos grabar algo, ¿no?” “¿Algo como qué?” “No sé, un corto documental, algo raro, lo que nos dé la gana”. Aitor se quedó pensativo. “Sí, podría ser interesante, ¿pero y qué narices haríamos con eso?” “Pues documentarlo para nosotros mismos, o para nuestros amigos.” “Sí, estaría bien, no sé”, me contestó.

Tres años después, me encuentro a mí misma con Aitor en un festival internacional y, la verdad, me tengo cachetear en la cara para no creer que estoy soñando. De aquella propuesta inicial ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Con algo de locura, un poco de intuición, y mucha, mucha suerte. Locura, porque para meterse en este berenjenal hay que haber perdido algún tornillo. Intuición, para dejarnos arrastrar sin miedo hacia donde nos llevaba la canción. Y muchísima suerte, porque no es fácil encontrar a dos productoras que te agarren de los brazos y se pongan a bailar al mismo ritmo frenético de esta sinfonía punk en la que se ha convertido “Asier ETA biok”. Del ‘paso a dos’ hemos pasado a la macrodiscoteca, y los invitados no paran de llegar y de emborracharse con nosotros. Desde Aitor y las compañeras de Doxa y Cineática, pasando por nuestro querido amigo Asier, hasta el último mecenas, el mismo tequila recorre nuestras venas. ¡Y van los mexicanos y nos premian, con la fiesta aún sin terminar! El Festival de Guadalajara ha recogido los bártulos, y en ese espacio vacío en el que se han celebrado los eventos, yo celebro que esto no ha hecho más que empezar. Y que los astros parecen haberse confabulado para que no pare. Como le dijo una buena amiga mía a su madre cuando celebraban su fiesta de cumpleaños número cinco: “Máma, ¡qué suerte tengo de haber nacido justo el día de mi cumpleaños!”

Eskerrik asko guztioi,

Amaia Merino



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