Agur México

Agur, México, agur. Llegó la hora del regreso. Escribo desde el aire, en algún lugar sobre el Atlántico. Increíblemente, no eché nada en falta en mi maleta. Lo que sí echaré de menos es la Ciudad de México, y sobre todo, a las personas que he conocido: documentalistas de toda Latinoamérica con quienes he compartido inquietudes e historias y, en algunos casos, amistad. También ha sido un aprendizaje sorprendente. Nunca, desde que Amaia y yo iniciamos este proyecto, lo habíamos planificado desde un punto de vista comercial. Pero en un mercado de documentales como este, los representantes de las televisiones y los agentes de ventas internacionales no miran tu proyecto como una obra personal nacida de la necesidad de compartirla… sino como un producto. Puro material de compraventa.

Hasta la semana pasada, yo conservaba esa idea romántica del documental como pequeña obra de arte… Algunas ideas románticas duran lo que los sueños; uno siempre acaba despertando. No importa, nosotros continuaremos contando la historia que queremos sin una coma de menos ni de más para el gusto de los mercaderes, desde el corazón, como siempre hemos hecho. Siguiendo ese camino no hay lugar para el fracaso, y además, qué narices, somos unos idealistas. In Docs we trust!



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